viernes, 25 de abril de 2008

las noches hablan

Siento que las noches hablan y presiento que estoy ahí,
Oigo lo lindo que suena tu nombres; como siempre,
como nunca dejó de sonar, ni con la palidez de mi boca.
Siguen vivos los recuerdos de tu risa en mis manos,
ahora que la distancia insiste en abandonarme por otra.

No me acostumbro a estar sin mí, no me quiero olvidar.
Quiero aprender a llorar si me falta una mirada amiga.
Si supiera que esta es la última vez.
Si quisieras que no me fuera.
Si asumiera lo fácil que es saber decir te quiero.
Si no lamentara los segundos que perdí sin un abrazo.
Y si aprecio todo ello, después de este espacio necesario,
Sabré dar a quien sin quererlo me ha regalado tanto.

Te escucho y me cuentas.
Te miro y no te alejas.

Una vez vi a una parte de mí en una habitación de cristal;
Acompañé su respiración admirando su primer sueño.
Hoy sonrío cuando su alma frágil acaricia mis dedos.
Nada resulta tan sencillo como vivir para lo que se ama.

Lejos alumbra el faro de las tierras de fría niebla
Ya no renacen las flores demacradas por las calles
Ni oscuros rellanos de días infelices y extraños.
Volveremos a coger las aves que se escapan
Sobrevolando los restos de viejas batallas,
tocando el norte con las puntas de sus alas.

Antes de que llegue el último invierno estaré aquí,
deslizando mis huesos fortalecidos sobre las olas.
No me acostumbro a estar sin mí.
No me acostumbro a estar sin ti.
Dejemos que la agonía se valla muriendo sola.